Parque Natural de los Valles Occidentales


    Los valores que alberga el Parque Natural de los Valles Occidentales fueron motivo de protección en el año 2006. En conjunto se extiende por una superficie de 27.073 ha, a las que se añaden 7.335 ha de Zona Periférica de Protección.

    Se localiza en el extremo noroccidental del Pirineo aragonés, colindando al norte con Francia y al oeste con Navarra. Se extiende por las cabeceras de los ríos Veral, Aragón Subordán, Osia, Estarrún y Lubierre. Administrativamente, se ubica dentro de la Comarca de la Jacetania (Huesca) afectando a los términos municipales de Ainsa, Ansó, Aragüés del Puerto, Borau y Valle de Hecho.

    Las altitudes, con una buena parte de su superficie en cotas superiores a los 1.200 m, van desde los 900 m de las zonas de valle hasta los 2.668 m del pico Bisaurín. Entre los principales valores naturales que motivaron la protección cabe destacar sus formas de modelado glaciar, como valles glaciares y los ibones, al igual que los importantes fenómenos kársticos existentes. Destaca por  las importantes y bien conservadas masas forestales mixtas, entre ellas hayedos y abetales. Además, alberga una gran diversidad de flora y fauna propia de los pisos bioclimáticos de alta montaña, con aparición de endemismos y especies en peligro de extinción, algunas únicas en el Pirineo.

¿Cuáles son los valores que hacen único a este Espacio Natural Protegido?

    El aspecto más relevante que  ha condicionado las características y vida en el Parque Natural es el relieve, con las diferencias de orientación y altitudes asociadas.

    Las mayores cotas del espacio natural protegido superan con frecuencia los 2.500 m (Bisaurín 2.670 m, Los Aspes 2.643 m, La Mesa de los Tres Reyes 2.428 m, Peña Forca 2.391 m, Castillo d'Acher 2.384 m) y aparecen en las denominadas sierras interiores, que forman un estrecho y alargado cordal de crestas calcáreas dispuestas de oeste a este. Por el norte se encuentra el eje central de la cordillera pirenaica formando la divisoria de aguas entre las vertientes francesa y española, donde destaca una característica arenisca roja que procede de materiales de la Era Primaria, los más antiguos de la cordillera. Por el sur de las sierras interiores se dispone una franja de relieves alomados y cumbres redondeadas modelados por la acción fluvial.

    Los procesos glaciares cuaternarios fueron los principales agentes erosivos que dieron forma al paisaje de las sierras interiores y al eje pirenaico, como así lo evidencian la gran importancia de la acción de los hielos (circos glaciares, amplias artesas y otras formas y depósitos erosivos) que demuestran que en la vertiente sur se desarrollaron potentes lenguas de hielo de  diversa extensión.

    La red hidrográfica del Parque Natural está formada por ríos típicos de montaña, cuyo caudal varía a lo largo del año en función de la reserva nival. La red está formada por los ríos Majones, Veral, Aragón Subordán, Osia, Estarrún y Lubierre.

    Buena parte del territorio está ocupado por calizas y sobre ellas se ha desarrollado un modelo kárstico debido a la disolución de la roca por el agua de lluvia. Este modelado implica la presencia de formas características en superficie y de simas y cuevas en profundidad.

    La existencia de un mosaico climático, tiene su reflejo en una flora de gran riqueza. El variado substrato geológico y los distintos tipos del suelo contribuyen aún más a esta diversidad, con más de 1.200 especies, de las cuales 232 son consideradas raras. Además existen 7 endémicas, es decir, únicas de este territorio, que presentan varios grados de vulnerabilidad y están asociadas a ambientes de roquedo.

    Los pastos alpinos y subalpinos dan lugar a las llamadas tascas y estibas, que conforman unos paisajes pastorales originados por la actuación continuada del hombre mediante su aprovechamiento, que han sostenido desde antiguo una importante cabaña ganadera. Estos pastos quedan cubiertos por la nieve durante gran parte del año, provocando una floración explosiva al comenzar el verano.

    Tradicionalmente sometidos a la explotación forestal, los bosques han constituido uno de los principales recursos naturales de este territorio. Las influencias de las masas de aire atlánticas cargadas de humedad permite el desarrollo de hayedos y abetales, los cuales ocupan las zonas más sombrías. En las solanas prospera el pino royo o pino silvestre y los caxicos o quejigos, mientras que el pino negro trepa por las laderas más escarpadas ocupando lugares inverosímiles a 2.000 m de altitud.

    En el seno de los bosques más húmedos y frondosos perviven ejemplares sobresalientes, como el abeto "Abuelo de Maz" o los grupos de abetos, hayas y tejos de Gamueta, Oza o Aragüés del Puerto. Por sus valores naturales y paisajísticos destacan el bosque de Gamueta y la Selva de Oza, así como las masas forestales de los congostos del Veral (al pie de Ezcaurri), del Aragón Subordán (Boca del Infierno) o de la cabecera del Estarrún.

    La variedad de condiciones ambientales hacen que los Valles alberguen una gran riqueza de especies de fauna, alguna de ellas endémicas.

    Dentro del grupo de los anfibios están presentes 23 especies, entre las que cabe mencionar el tritón pirenaico (Euproctus asper) y la rana parda pirenaica (Rana pyrenaica). Los reptiles están representados por 21 taxones, destacando la presencia de la lagartija pirenaica (Lacerta bonnali) como especie endémica.

    Destacan algunos invertebrados como las mariposas Plebejus pyrenica y Erebia gorgona, además de algunos coleópteros como Rosalia alpina, muy llamativos y escasos.

    La gran variabilidad de ecosistemas, entre ellos los forestales, hace de los Valles un lugar privilegiado para numerosas aves. Están representadas por 179 especies y su importancia ha sido reconocida al declarar la ZEPA de los Valles (Zona de Especial Protección de Aves), destacando la presencia del quebrantahuesos (Gypaetus barbatus), especie catalogada como en peligro de extinción, el pico dorsiblanco (Dendrocopos leucotos), el pito negro (Dryacopus martius), el milano real (Milvus milvus) y el urogallo (Tetras urogallus), entre otras. 

    Entre los mamíferos silvestres, el rey de las altas cumbres es el rebeco o sarrio (Rupicapra pyrenica). También se encuentran presentes el jabalí o xabalín (Sus scrofa), el zorro o rabosa (Vulpes vulpes), el gato montés (Felis silvestres), el tejón o taxón (Meles meles), varios tipos de martas o fuinas (Martes sp.) así como murciélagos. Pero sin duda, la especie más emblemática es el oso pardo u onso (Ursus arctos) y el topillo de Cabrera (Microtus cabrerae), catalogadas como especies sensibles a la alteración de su hábitat.

    Otro de los grupos más destacados en el ámbito del Parque Natural son los peces, con presencia de hasta siete especies: trucha común (Salmo trutta fario), barbo común (Barbus graellsii), barbo culirroyo (Barbus hasii), madrilla (Chondrostoma toxostoma), piscardo (Phoxinus phoxinus), bermejuela (Chondrostoma arcasii) y pez lobo (Barbatula barbatula).

     Las actividades agropecuarias y forestales tradicionales han contribuido a modelar un hermoso paisaje que conjuga los elementos naturales con la mano del hombre y que hace de este territorio un lugar atractivo para el turismo.

    Por último, cabe reseñar que los Valles Occidentales conforma un territorio poblado desde antiguo, como así lo acreditan los numerosos monumentos megalíticos (7.000-1.800 años A.C.) que se encuentran en la cabecera de sus valles. El territorio ha sido también testigo de la presencia romana, cuya huella se manifiesta en la presencia de la primitiva vía romana Caesaraugusta-Beneharnum, origen del primitivo Camino de Santiago que entraba en Aragón a través del Puerto de Palo. Fue en este entorno donde transcurrió parte de la infancia de Alfonso I el Batallador, uno de los primeros reyes de un territorio -Aragón- en cuya gestación desempeñó un importante papel el Monasterio de San Pedro de Siresa.




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